Canarias en bicicleta: Lanzarote

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Lanzarote, cicloturismo en la isla de lava

Aterrizamos en Arrecife el domingo 23 de Enero. La chaqueta de plumas y los pantalones largos que tanta falta hacían en Madrid, de repente estaban de más. Desentonaban en esa terminal llena de gente en bermudas y chanclas. Cruzando los dedos, esperamos a que nuestras bicis y demás equipaje aparecieran por la cinta transportadora. Los minutos iban pasando y… ¡menos mal! Ahí estaban nuestras cosas. Respiramos aliviados. Primera parte superada. Ahora quedaba la fase de comprobar que las bicis hubieran llegado sanas y salvas y hacer todo el montaje en el aeropuerto para poder salir pedaleando. Un par de horas después, con las bicis ya listas y el equipaje bien repartido en las alforjas, poníamos rumbo a Arrecife. Empezaba nuestra aventura: «Canarias en bicicleta».

Canarias en bicicleta

Después de un primer día de toma de contacto en Arrecife, arrancamos nuestro tour por las islas. Salimos pedaleando rumbo norte, por una carretera tranquila y con una temperatura más que amigable. Sin prisa y sin agobios. Después de unos primeros meses de viaje y tras una visita a la familia por Navidad ¡volvíamos a la ruta, qué subidón!

Mientras parábamos a decidir dónde comer, se nos acercó otro viajero en bici. Rondando los 60, el belga nos contó su historia: hace dos años, viajando en bici desde Bélgica a España, le había pillado la pandemia mientras recorría el camino de Santiago. Se quedó mucho en España y, cuando reabrieron las fronteras, ya no tenía ganas de volver a su país. Total, que lo vendió todo y se compró una casa en Granada. Su historia nos recordó cuánto te puede llegar a cambiar la vida de un año para otro, de un día para otro… Estamos en constate evolución, así que lo que nos sirve hoy puede no ser válido para mañana. Cuidado con los «para siempres» y probemos con los «andando y viendo».

Volcanes en Lanzarote

Tras una parada en el Charco del Palo, continuamos rumbo norte. A un lado, el Atlántico. Al otro, extensiones de lava y volcanes. El paisaje de Lanzarote te sorprende desde el minuto uno. No se parece a nada que hayamos visto antes, al menos en España. Una isla única, salida de las entrañas de la Tierra. Terreno de fuego, volcanes y lava. Tierra negra salpicada de blanco y verde. Con esas imágenes grabándose en nuestras retinas, llegamos a la playa del Caletón Blanco y disfrutamos de nuestra vuelta a la acampada bajo un manto de estrellas.

A la mañana siguiente, nuestra idea era cruzar desde Órzola a la isla de la Graciosa. Pero, la lluvia hizo acto de presencia. La isla en la que aparentemente nunca llueve, descargó una tromba de agua sobre nosotros. Dudamos sobre si coger el ferry o no para ir a la octava isla Canaria. Debo decir que somos bastante indecisos en estos temas: ¿Será mejor irse o quedarse? ¿Elegimos este camino o el otro? A veces, tendemos a pensar que la opción que no hayamos elegido será la mejor y eso, puede causar bastante frustración… Es un tema en el que trabajamos bastante. Es un punto a reforzar y está bien que conozcamos cuales son nuestros puntos débiles y poner empeño en mejorar. Finalmente, decidimos quedarnos en Lanzarote y explorar un poco más la isla: visitar la cueva de los Verdes. Un paseo por el interior de la tierra, provocado por una erupción del volcán la Corona. Muy interesante. Luego, subida al Mirador del Río desde donde contemplamos uno de los mejores atardeceres en la isla. Una subida bastante exigente para unas vistas espectaculares. Para terminar el día, dormimos en el pequeño pueblo de Ye, donde nos acogió Tomás a través de la red de Warmshowers. Un viajero y médico que está preparando su segundo viaje en bici entre Alaska y Ushuaia. ¡Te deseamos lo mejor!

Mirador del Río

En este caso, nos quedamos con la sensación de que habíamos hecho bien en no ir a la Graciosa. Nuestras ganas de conocer la isla venían más por todo lo que habíamos visto/leído de otros viajeros. Y, aunque nos gusta seguir los consejos y recomendaciones, también hacen que al final todos los viajes parezcan salidos del mismo molde… Nos sentíamos con la «necesidad» de ir a la Graciosa cuando lo cierto es que en ese momento no era una preferencia para nosotros. Suponía coger otro ferry más, con la previsión de mal tiempo, cuando todavía tenemos otras 6 islas que recorrer…

Así, pusimos rumbo a Famara, pasando por el bonito pueblo de Teguise (donde descubrimos y nos enamoramos de las casas de comida Teleclub, donde probar la comida casera Canaria). Entre caminos de tierra y arena llegamos a la famosa playa de Famara. Rodeada de dunas y llena de gente practicando todos los deportes de agua imaginables. El pueblecito Caleta de Famara muy del rollo surfero, lleno de tiendas, cafés, sitios de alquiler de tablas… Con un estilo muy definido y un ambiente muy marcado. Un pueblecito adaptado por y para el surf. En busca de otra cosa, seguimos avanzando y a escasos 10km llegamos a playa Mejías atravesando Caleta de Caballo. Mismo estilo de casas, de antiguo pueblo de pescadores, y ningún parecido a Famara. Tranquilidad absoluta y una zona de playa de rocas donde disfrutar de una noche durmiendo en la tienda.

Dormir en playa Mejías

Cuarto día de ruta, seguimos pedaleando hacia el sur. Llegamos al Parque Natural de los Volcanes. Justo al lado del Parque Nacional de Timanfaya. Otra vez se plantea la duda entre lo que se recomienda y lo que nos atrae más a nosotros. Y, realmente, meternos en un autobús para hacer una excursión por Timanfaya no nos atraía demasiado. Así que decidimos meternos a explorar en bici el vecino Parque de los Volcanes. Empezamos a pedalear rodeados de lava. Miráramos dónde miráramos, estaban esos enormes fragmentos de lava solidificada, volcanes a nuestra espalda y frente a nosotros y todo un camino para recorrer a solas. Con el paso de los kilómetros, la pista pasó a convertirse en senda y al rato, la senda pasó a ser un camino de piedras nada ciclable. Tocó empujar los últimos kilómetros. ¡A trabajar brazos en vez de piernas! Qué sería de los viajes sin esa dosis de aventura.

A veces toca empujar

Por fin, salimos a la carretera. Una última subidita para terminar bajando hasta la Playa del Janubio. Vimos la puesta de sol tranquilamente desde la primera playa de arena negra que pisábamos en las islas. A la mañana siguiente, salió el sol pero apenas lucía, todo estaba bañado por una luz distinta, más apagada. Las formas del paisaje apensa se distinguían. La calima había hecho acto de presencia. El polvo en suspensión lo inundaba todo, poniéndole al día una especie de velo. Era la primera vez que vivíamos este fenómeno.

Pedalear con calima

Dedicamos el día a pedalear el sur de la isla: visitar las piscinas naturales de los Charcones, bordear la montaña Roja, comer en playa Blanca,… Y bueno, como los planes no siempre salen como esperamos, aquí llega la historia del día: teníamos reservado un alojamiento en Puerto del Carmen. Para llegar desde Playa Blanca, google Maps nos daba dos opciones. Un camino más largo pero con menos desnivel, o un con menos kilómentros pero con una subida bastante más pronunciada. Nos decidimos por la segunda opción. Plato uno y empezamos la subida. A los 8km de camino, aparece una señal en la que se indica que se prohibe seguir pedaleando por esa carretera en bici. La cuesta era realmente muy empinada en ese tramo, pero no había al inicio de la subida ninguna indicación de que esto fuera a pasar. Tuvimos que tomar un desvío para tomar la primera opción que nos había dado Google Maps. Fue un momento bastante frustrante: habíamos gastado tiempo y energías en una subida que no había servido para nada. La noche empezaba a echarse encima y todavía tuvimos que parar a reparar un pinchazo. Hay veces que los planes se tuercen. Finalmente, tuvimos que pedalear a oscuras los últimos kilómetros, en una carretera bastante llena de coches. Sinceramente, pasé miedo. No es una situación que me gustaría volver a repetir. Finalemente, llegamos al alojamiento. Decidimos pasar las dos últimas noches para evitar seguir pedaleando con la calima.

Ruta en Lanzarote

Y así, tras 7 días por la isla, poníamos punto y final a nuestra ruta por Lanzarote. Desde Playa Blanca, cogimos el ferry hacia Fuerteventura, la segunda isla Canaria que vamos a recorrer. Lanzarote ha sido la vuelta a nuestras aventuras en bici, casi 300km de ruta donde el paisaje ha sido el protagonista total. Nos vamos con un buenísimo sabor de boca y con ganas de seguir recorriendo y conociendo el resto de islas.

¡Salud y buenas rutas!

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