Cicloturismo en Kosovo: ruta de 10 días

10 días en bici por Kosovo

Dormimos a poco más de un kilómetro de la frontera entre Albania y Kosovo. Esa noche, en uno de esos lugares bonitos en los que te sientes a gusto explayándote acampando, ya soñábamos con el nuevo país que teníamos ante nosotros y las preguntas se agolpaban en nuestras cabezas. Algunas sobre las sensaciones que nos despertaría Kosovo: ¿Se parecerá a Albania? Otras más prácticas: ¿Qué precios nos esperan? ¿Cómo serán las carreteras?

Buscando en internet apenas habíamos encontrado información sobre posibles rutas en bici por el país (de hecho, una vez lo hemos recorrido, confirmamos que hemos coincidido con poquísimos viajeros, que además han estado prácticamente todos concentrados en la zona noroeste, ya cerca de Albania y Montenegro. La zona montañosa por excelencia de Kosovo, que forma parte de la cordillera de «Montañas Malditas»).

Con los ojos puestos en esa zona, decidimos ampliar nuestro recorrido, adentrarnos un poco más en el país y conocer otras zonas más rurales. Trazamos un recorrido de 10 días en bici por Kosovo, de unos 300km, uniendo las ciudades de Gjakova, Prizren, Pristina (esta última, la capital, a la que decidimos no entrar) y Peja (la puerta a la zona montañosa).

Durmiendo con vistas

Entramos a Gjakova, una pequeña ciudad donde nos quedamos dos días en una Guesthouse. Así pudimos hacer algunas «tareas logísticas» de entrada a un nuevo país. Por ejemplo, encontrar el cajero que no cobra comisión (esta vez fue misión imposible, todos los cajeros de Kosovo nos han pedido una comisión por sacar dinero con nuestra tarjeta de Revolut), planificar más o menos la ruta para los siguientes días, hacer compra, buscar una bombona de gas compatible con nuestro hornillo (otra tarea incluida en la lista de «misión imposible»)… Paseamos por la ciudad, que nos pareció que tenía bastante ambientillo y una buena mezcla de vida local/tradicional y sitios más modernos.

Nos adentramos en Kosovo

Nuestro primer día de pedaleo nos llevó hasta la ciudad de Prizren a través de la carretera R107 (demasiado tráfico para nuestro gusto). La ciudad es una de las más importantes del país, con un gran ir y venir de gente, mucha vida cultural, gran oferta de actividades, restaurantes, bares y cafeterías. Pese a todo lo que ofrece, nosotros decidimos comer de tupper en una sombra al lado del río. Y es que, en este modo de cicloviaje largo, la logística de visitar una gran ciudad no nos parece atractiva: empujar la bici por calles y callejuelas, gente por todas partes, tráfico, sube la bici a la acera, bájala, dónde la dejas si quieres entrar a ver un edificio/monumento,…

En nuestra comida de parque, además, tuvimos nuestro primer encuentro espontáneo con un local. El clásico «señor raro» del pueblo, empezó a hablarnos en albanés. Entre dos o tres palabras que  entendemos, gestos y una mezcla de todos los idiomas que conocemos, nos enteramos de unas cuantas cosas (o eso creemos): que el hombre era cristiano (en un país de mayoría musulmana), católico y fan del Papa Francisco. Con una hija viviendo en Alemania. Se interesó por saber si estábamos casados y teníamos hijos. Nos preguntó por nuestro viaje con la bicicleta. Nos invitó a un café mientras manteníamos esta «conversación» de pocas palabras. Y esto, nos da para una reflexión:

Al ser humano le gusta comunicarse, hablar, conocer,… y la gente lo intenta sin poseer las herramientas, sin hablar el mismo idioma. A veces usando solo gestos y sonrisas. ¿Por qué a veces nos empeñamos en hacer de la comunicación y de los idiomas un problema? ¿Defender «lo nuestro» está por encima de conseguir comunicarnos con el otro? ¿No sería mejor iniciar una conversación, que pudiera ser el inicio de un entendimiento más profundo en el que tu puedas explicar a la otra persona tu realidad y circunstancias…? Durante este viaje nos estamos dando cuenta de la importancia de poder entendernos con la gente, ¡ojalá pudiéramos hablar un poco de todos los idiomas!

Tras este inciso reflexivo, continuamos con nuestro tour por Kosovo

Prizren en bici

Nos adentramos por la carretera de montaña R115. Discurre por un cañón que se va alejando de la ciudad para meterse de lleno en zona de montañas. Iniciamos el ascenso coincidiendo con el accidente de un camión (nada grave) que provocó el corte de la circulación para los coches. ¡La carretera de subida para nosotros solos! Fuimos pasando pequeños pueblos con la duda de si encontraríamos buen sitio para dormir, ya que la pendiente era muy elevada a ambos lados de la carretera. Por suerte, siempre, siempre acaba apareciendo algo. Esa tarde dimos con un pequeño arroyo y nos pusimos entre árboles listos para una ducha, cenar y ¡a dormir!

Montañas en Kosovo

Reanudamos la subida a la mañana siguiente. Íbamos con ganas de pedaleo, era temprano y habíamos desayunado bien. En nuestra mente la idea era avanzar… hasta que nos encontramos con Nick en Ferizaj. Él iba pedaleando por la ciudad y se puso a nuestro lado. Empezamos a hablar: de dónde somos, a dónde vamos, qué hacéis ahora,…¿queréis un café?

Sin dudarlo mucho, paramos con él y estuvimos más de una hora de charla con un exmilitar que luchó en la guerra de independencia de Kosovo. Con muchas ganas de contar su historia y la del país. Mostrando un gran respeto y agradecimiento hacia EEUU y con el objetivo de que nos lleváramos una buena impresión del país… Lo cierto es que la gente aquí nos ha parecido muy amigable: sonrisas y saludos desde los coches, palabras y gestos amables en los comercios, interés por nosotros y nuestro viaje, etc. Nos hemos sentido muy a gusto.

Rugova Canyon

Nuestras siguientes etapas nos llevaron por más carreteras rurales, entre pueblos. Sin grandes desniveles por carreteras secundarias (por suerte muy bien asfaltadas), hasta llegar a nuestro objetivo final: Peja. La puerta a la zona kosovar de «Montañas Malditas». Un par de noches en otra Guesthouse planificando y preparando lo que queríamos hacer en esta zona de montaña. A los dos días salimos a recorrer el Cañón de Rugova. Un desfiladero entre montañas, siguiendo siempre el curso del río. Espectacular. 25 km de subida con la boca abierta hasta llegar a nuestro alojamiento de montaña, donde haríamos una noche antes de volver a Peja para seguir nuestro camino hacia Montenegro.

Ni cortos ni perezosos, esa misma tarde que llegamos al pequeño pueblo de Reka e Allages, decidimos acometer la subida al pico de Hajla (una de las más altas del país). Cogimos un sendero que nos conectó con parte del trazado de «Peaks of the Balkans«, una ruta que une varios picos en 3 países diferentes: Kosovo, Albania y Montenegro. Con unas vistas espectaculares y el verde como protagonista, fuimos ascendiendo la ladera de la montaña. Poco a poco la espesura de los árboles dio paso a unas amplias praderas que se elevaban hacia la cima. Finalmente, y viendo las horas de luz que nos quedaban y el desgaste de fuerzas (pedaleo + trekking que ya duraba casi 3h), nos dimos la vuelta a pocos metros de pico y volvimos a la casa. Hubiera estado bien hacer cima pero, lo mejor y lo que más disfrutamos es el camino.

Trekking en Montañas Malditas

Al día siguiente, de vuelta a Peja y tras aprovisionarnos en el súper, pusimos rumbo a Montenegro. Por delante nos quedaba una bonita e intensa subida en forma de zig zag por la ladera de la montaña, hasta el pueblo de Rozaje. De nuevo, paramos a dormir a escasos kilómetros del puesto fronterizo, disfrutando de nuestra última noche en territorio kosovar pero soñando con el siguiente país.

Kosovo nos ha resultado muy sencillo y cómodo de recorrer. Con una sensación de país y gente amigable, con ganas de dejar el reciente pasado de guerra atrás y de abrirse a nuevos horizontes. Nosotros, no podemos hacer más que recomendar este pequeño rincón del mundo si tienes ganas de recorrer un lugar poco conocido y adentrarte en el corazón de los Balcanes.

¡Seguimos hacia Montenegro!

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