Cicloturismo en Montenegro: montañas, carreteras panorámicas y un pie hinchado

Montenegro o Crna Gora (montaña negra). Un pequeño país de los Balcanes: apenas la superficie de la provincia de Córdoba (unos 14.000km2) y casi la misma población que la provincia de Jaén (unos 650.000hab.).

Entrábamos al país por el sudeste, la zona de Monañas Malditas, en la frontera con Kosovo. Después de una subida de varios kilómetros que habíamos realizado el día anterior, y de una noche a poca distancia del control fronterizo (con buenísimas vistas, mucha tranquilidad y el suelo en pendiente), llegamos a Montenegro. Nos esperaba una continua bajada hasta el pueblo de Rozaje. Parada técnica para comprar algo de comida Recordamos que en aquel momento seguíamos sin encontrar gas para nuestro hornillo, así que las dietas se estaban basando en una combinación A-B o B-A de legumbres cocidas, verduras, pan, latillas y embutido. De vez en cuando un cous cous hidratado en agua a temperatura ambiente y para de contar. Decidimos comer de menú en un bar a modo de «gran entrada» a un nuevo país.

Entramos en Montenegro

 NOTA: nuestros planes, en este momento, incluían ya una vista express de 20 días en Agosto a España. Unas «vacaciones» dentro del viaje para ver a familia y amigos y estar presentes en algunos momentos familiares importantes.

 Entramos en Montenegro un 1 Julio con la idea de no volver a recorrer ningún sitio de costa hasta que no volviéramos de España en Septiembre. No nos compensa un baño en el mar con todo el estrés, tráfico y masificación que supone la costa en esta época del año. Al menos no en este tipo de viaje que estamos haciendo. Con esta idea, planificamos una ruta atravesando el interior de Montenegro, que nos llevaría hasta el Parque Nacional de Durmitor del que nos habían hablado especialmente bien.

Desde Rozaje continuamos camino para incorporarnos a la Panoramic Route 1: un conjunto de carreteras catalogadas como «bonitas» o de «interés paisajístico» que recorren todo el país. Por supuesto, algo así nos interesaba. La carretera fue espectacular, y el pasiaje especialmente bonito. Enocntramos una arboleda donde pasar tranquilamente nuestra primera noche en el país.

Rutas panorámicas en Montenegro

Seguimos con la ruta hasta la ciudad de Bijelo Polje. Paramos a comer un variadito de bureks en un parque (los bureks son a los Balcanes lo que la coca de tomate sería a Castellón. Una especie de hojaldre/empanada que puede ir relleno de carne, queso, espinacas,… Súper económico, contundente y que encuentras en todas las panaderías).

Después seguimos con nuestra rutina de búsqueda de gas. Tras entrar en un par de sitios, con muy poca esperanza sinceramente, ¡bingo! en una tienda al más puro estilo Leroy Merlin, dimos con la bombona.

Tras un café, reemprendimos marcha. El cielo empezaba a nublarse y, conforme pedaleábamos, más oscuro se volvía el cielo y más intensa la humedad. No sabíamos cuánto tardaría el agua… pero iba a caer una buena tromba. Apretando el pedaleo, íbamos buscando algún lugar donde cobijarnos (cualquier parada de bus, caseta, o debajo de un puente nos hubiera valido). Mientras avanzábamos, vimos un puesto de bebidas a un lado de la carretera y dos hombres sentados bajo un porche. Los miramos, nos miraron, redujimos la velocidad (sí, con la intención de que se apiadaran de nosotros y nos dijeran de ir al porche). Nos hicieron señas para que nos acercáramos y allá que fuimos. Mediante gestos (no hablaban inglés) nos dijeron que pusiéramos la tienda en el terreno y lo dejaramos todo montado, las bicis bajo el tejado y nosotros al porche. Justo justísimo terminamos de montar la tienda cuando empezaban a caer las primeras gotas de una tormenta que duró toda la tarde.

– ¿Queréis cerveza?

-¡Venga! (a ver quién avanzaba con la que caía…)

Y una primera se convirtieron en dos, y luego en tres. Para aquel entonces ya estaba la música puesta en el altavoz y uno de ellos ya estaba interesado en saber si estábamos casados o no. Acabamos cenando los 4 un trozo de salchichón con pan, bebiendo litro y medio de cerveza (a la que muy amablemente nos invitaron) y manteniendo una «conversación» con algo del traductor de Google, gestos y un poco de cada uno hablar su idioma a ver si los otros entendían algo (decubrí que algunas palabras se parecen al polaco. Lástima que solo recuerde 4 o 5 palabras de cuando mi Erasmus en Varsovia). Cuando ya daban las 12 (auqnue parecían las 3 de la mañana) y, con la cabeza dando un poco de vueltas, nos metimos a la tienda y a dormir.

A la mañana siguiente desayunamos en el porche pero ninguno de nuestros anfitriones dio señales de levantarse o de hacer acto de presencia. Así que continuamos ruta. ¡Uno de esos momentos surrealistas y algo bizarros que tener como anécdota viajera!

Pedaleando Montenegro

Salimos a la carretera y esta vez nos adentramos en la Panoramic Route 2, en uno de los días de pedaleo más increíbles de todo el viaje. La carretera bordea el río Tara por un estrecho cañón. El paisaje es una auténtica psada. Atravesamos tramos de alto y frondoso pino negro, el río era de un impactante azul turquesa, vimos el agua caer en bonitas y atronadoras cascadas,… ¡sin duda de lo más bonito en cuanto paisaje se refiere!

Además, por alguna razón que no entendíamos, íbamos prácticamente solos por la carretera, ¿qué hace la gente que no está así? Seguramente en la playa…

Terminamos el día durmiendo en un embarcadero donde las empresas de multiaventura se lanzan al río Tara para sus recorridos de rafting.

Cañón río Tara

En nuestro cuarto día de pedaleo en Montenegro nuestro objetivo era llegar a Zabljak, el pueblo entrada al Parque Nacional Durmitor, donde habíamos alquilado un apartamento para tre días y queríamos aprovechar para hacer algún trekking y quizá, si se podía, kayak en el río.

Tan solo teníamos 25km hasta el pueblo, pero fue una dura subida y el calor apretaba en forma de bochorno (las nubes parecían listas para volver a descargar otra tormenta de verano). Finalmente llegamos y, tras otra dosis de burek, nos fuimos a nuestro apartamento.

Cascadas en Montenegro

Al día siguiente, nos organizamos para hacer un trekking. Un recorrido circular de 16km que se adentraba en el Parque Nacional, recorriendo algunos picos y llegaba hasta una cueva de hielo. La ruta fue una auténtica pasada. Dura en cuanto a desnivel, pero muy variada en paisajes. Con partes de «trepada», como a nosotros nos gusta y con un colofón a mitad trayecto al entrar a una cueva de hielo. En pleno verano todavía se mantenían nieves perpetuas. De hecho, no pudimos acceder al fondo de la cueva ya que la capa de hielo media más de un metro y no pudimos avanzar. La temperatura bajó unos cuantos grados hasta quedarse en modo nevera. Vaya, muy muy fresquitos. ¡Nos encantó!

Cueva de hielo

Ya de vuelta, y sin previo aviso, a Jolu le dio un calambre en el pie y empezó a sentir un dolor intenso. Nos quedaba prácticamente toda la vuelta, unos 8km hasta el pueblo. Aguantando como pudo y con varias paradas, llegamos al apartamento. Algo de hinchazón, ibuprofeno y a descansar.

A la mañana siguiente, el pie parecía una bota. El dedo estaba morado y todo el conjunto tenía bastante mala pinta. Decidimos pasar el día descansando. Segundo día sin cambios. Ya empezamos a preocuparnos y llamamos al seguro. Primer paso: acudir al centro de salud del pueblo (el lugar estaba bajo mínimos minimísimos, de hecho, creo que nuestro botiquín tenía más cosas que ese centro…). Lo único que pudieron hacer fue redactar un informe para que le hicieran una radiografía y le viera un especialista en el hospital más cercano, a 60km.

Vale, vuelta a contactar con el seguro. Tiempo de espera, trámites,… y los nervios a flor de piel. ¿Y si tenía algo roto? ¿Es esto el final del viaje…? Ya nos veíamos con un pie en España.

La reflexión: Cómo en un segundo te puede cambiar la vida y las circunstancias. Muchas veces no somos conscientes de que lo único que tenemos es el presente y planificamos, pensamos, guardamos y esperamos a un futuro que, ¡quién sabe si vendrá!

Por suerte, en este caso, y tras una radiografía que confirmó que no había nada roto y unos días de reposo en Zabljak, el pie de Jolu mejoró, se pasó la inflamación y pudimos continuar ruta. Pese a los momentos de incertidumbre y la preocupación por el pie, pudimos gestionar todo el tema de la visita al médico y desplazamientos al hospital a través del seguro que tenemos con Chapka (*). Una «red de seguridad» que se agradece en situaciones en las que a nadie le gusta verse envuelto y que te facilita las gestiones cuando tu no estás en tu mejor momento.

Viajar con seguro

Tras varios días descansando, y cuando el pie ya estaba mejor, volvimos a la carretera. Salimos de Zabljak a través de tranquilos caminos de montaña, para llegar a la frontera con Bosnia. Frente al río Piva, tuvimos una de las bajadas más impresionantes y recorrimos una de las carreteras con más túneles que hemos visto jamás.

Trekking en Montenegro

Dejamos Montenegro con la sensación de haber pasado unos días increíbles entre montañas, carreteras panorámicas, rodeadeos de verde y azul y con el agradecimiento de seguir disfrutando de este sueño en forma de cicloviaje. Queda pendiente una visita a la costa de este pequeño pero precioso país.

¡Bosnia, there we go!

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